Todo tiene que ver con peces

Supongo que no me dejarás dormir esta noche, no te preocupes, te entiendo perfectamente y te he esperado con muchas ansias, oh, no sabes con cuantas; cuando yo era un niño muy pequeño solía molestar a mis padres cuando tenía miedo. ¿Acaso tienes miedo? Pobre de ti, el miedo es horrible, es devastador, se siente como un frío que no puede quitarse; sólo te congela más y más, hasta dejarte solo, petrificado, sin esperanzas. ¡Qué tonto he sido! Lo último que quieres es escucharme hablar acerca de esto. ¿Qué te parece si hablamos sobre mí?

He cambiado mucho desde la última vez que nos vimos, ya no visito a esas personas, esos ineptos estudiosos que se hacen llamar “sanadores” ¿era así? Ah, ya recuerdo: doc- to- res; que nombre tan estúpido ¿no te parece? El punto es que ahora ya te hago caso, por fin pude eliminar a esa molesta persona de mi mente y de mi espíritu, ya no me dice qué hacer, ni me sugiere, ni nada, ¡no sabes lo libre que me siento! Con esta nueva vida puedo completar mis anhelados proyectos que no me atrevía a revelar por temor a… ¿a qué?

Tu presencia me vuelve un ser distinto en cada ocasión que te apareces; aún recuerdo tu primera visita, yo estaba muy estresado ese día ¿recuerdas? Reportes, investigaciones, avances, procesos, progresos; pro-gre-so, esa palabra es muy pronunciada en estos tiempos y, la verdad, no tengo idea de lo que significa, es altamente relativa, para algunos es cuestión de poner cosas: leyes, normas, derechos; pero, para otros el pro-gre-so se trata de quitar… ¿quitar qué? ¿Armas? ¿Poder? ¿Influencia? ¿Dinero? Disculpa, me desvié del tema, estábamos hablando de la vez que te conocí; en ese entonces mi cuerpo y mi mente estaban al borde de quebrarse pero afortunadamente llegaste volando por mi ventana abierta. Yo no creía en los fantasmas, ni en la vida después de la muerte, pero era obvio, no puedo negar algo que aparece frente a mí de una forma tan espectacular.

¿Recuerdas cómo te presentaste? Yo estaba extasiado y, al mismo tiempo, aterrorizado. Es que eras tan hermosa, tan bella. Tus pálidos ojos verdosos iluminaron mi alma, pero, tu forma de volar me atemorizaba. Ya sabes lo que dicen, todo mundo le teme a lo que no conoce y tú eras una completa desconocida para mí. Te acercaste de forma decidida, sin detenerte un solo instante, derritiéndome sádicamente. Mi lenta y agotada boca apenas tuvo tiempo de balbucear unas palabras que resultaron mediocres y estúpidas. “Buenas noches, ¿cómo te llamas?”. Lo más asombroso fue que me respondiste, me susurraste tu nombre al oído. Tu hermoso nombre.

Algunas veces me siento muy feliz, otras veces me siento muy triste, pero todo el tiempo, tu imagen persiste en mi memoria. Tus visitas se hicieron frecuentes, había veces que me acompañabas en las noches, en mi sillón negro me relatabas las anécdotas más extrañas, pero que, de alguna forma, eran bellísimas. Me enseñabas nuevas cosas, nuevas formas de ver el mundo. Me diste órdenes muy específicas que no pude rechazar de ninguna forma, así que me deshice de mis refrescos y de mi ropa de marca, me compré una máquina de coser y yo mismo confeccioné mis propias prendas, destruí esos rayones incomprensibles y excesivamente caros que la gente llama “arte”. Sólo como lo necesario y he bajado veinticinco kilogramos. Gradualmente dejé de ir al trabajo, hasta que, en un momento dado, fui despedido.

Tu última visita fue definitiva; me indicaste mi última misión, y me dijiste que debía encontrar una forma de cumplirla de forma perfecta. Debo confesar que me encontré perdido en un mar de posibilidades infinitas, hasta que me di cuenta de lo obvio: MAR.

Yo solía ir al mar muy seguido en mi ya lejana juventud. Mi padre era un pescador. Él me llevaba en su bote y a nadar en el océano, tan profundo, tan azul, tan majestuoso. Sin embargo, eso me traía sin cuidado, lo que realmente me gustaba ver eran los peces. Son hermosamente horrendos, bocones, su rostro es deforme y sus ojos son saltones y sin párpados. Hay algo inigualable en estos seres: son las criaturas más parejas y uniformes del universo, todos nadan igual, se ven igual y actúan exactamente de la misma forma que el anterior.

No me costó mucho llegar a esta conclusión, será barato: hay muchos peces en el mar, sólo debemos pescar unos cien para la fase inicial de mi plan. ¿Qué te parece? Tú me dijiste que la humanidad estaba muriendo, que debíamos hacer algo por ella. La individualidad acabará con todos nosotros. Me ordenaste que encontrara una forma de evitar que nos extinguiéramos; bueno, ya lo hice. Apresúrate, tienes que darme tu bendición antes de que comience, no tenemos mucho tiempo, ¿sabes?, algunos vecinos entrometidos estuvieron husmeando por aquí, ¿y dónde están ahora? Bueno están en el sótano. Mi prueba piloto la realicé con ellos. Un hombre de treinta y ocho años y una mujer de setenta y dos. Hubieras visto el momento cuando los atrapé, me sentí eufórico, no tenían nada que hacer en este sitio. Al hombre lo derribé estrellándole en la cabeza una botella de cristal cuando no miraba. A la anciana simplemente la arrastré mientras chillaba; tal vez no sea muy joven pero no soy un debilucho.

Los llevé al sótano a ambos, mantuve despierta a la mujer para que, al menos, uno de los dos se enterara de lo que les iba a ocurrir. Le expliqué todo con lujo de detalles. Me deleité con el rostro desfigurado por el terror de la anciana. Ahora me preguntarás qué es todo esto y qué tiene que ver con los peces. Mi propuesta es simple: planeo remplazar cada cabeza humana por una de atún. Imagínalo, todo mundo pensará de la misma forma y, por consecuencia, actuarán de la misma forma: como bancos de peces ordenados. Poseo los conocimientos de medicina necesarios para realizar mi empresa, he pasado los últimos tres años estudiando el procedimiento. También, mi antiguo trabajo me permitió ahorrar la cantidad suficiente de dinero para hacer la prueba piloto. Hablando de eso ¿quieres ir a ver los resultados? Sólo me ha dado tiempo de terminar uno.

La puerta del sótano se abrió lentamente y el fino hilo de luz que penetró al principio, se hizo más y más grande hasta inundarlo todo de la luz amarilla proveniente del pasillo. El hombre entró. Se veía más loco y macabro que la última vez. Willy estaba aterrado pero inmóvil. Sus extremidades estaban fuertemente aseguradas al quirófano. A su lado izquierdo estaba un tanque de agua con tamaño suficiente para contener a un ser humano. El tanque estaba tapado. El hombre, enloquecido, destapó el tanque; parecía estar hablando con alguien mientras contemplaba el contenido. Después se acercó a William y lo miró con una expresión horrible. Luego le dijo: “he aquí el futuro de la raza humana, la salvación de todas las personas”. Acto seguido rotó el tanque hacia Willy mientras le decía al aire: “Es natural que te sientas orgullosa. Lo que voy a hacer nadie lo ha hecho, soy un héroe”. Cuando el contenedor quedó frente a él, William no pudo ahogar un grito de terror: su madre estaba dentro, pero con cabeza de pescado. Estaba viva y sus ojos saltones de atún se movían de un lado a otro. Sus manos se abrían y cerraban intentando agarrar algo.

¿Escuchas lo que te digo? Esta es la mayor hazaña del ser humano, agradezco que me hayas iluminado durante este tiempo. Te amo, Libertad. Desearía que fueras una persona, estoy seguro de que te pondría cabeza de pescado porque, al final, todo tiene que ver con peces.

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Acerca del autor

Arturo Villanueva Huerta

Nació el 15 de febrero de 2001. Estudiante de preparatoria, escritor y pintor aficionado. Arturo es el mayor de tres hijos varones. Sus primeros trabajos como escritor fueron cuando tenía alrededor de siete años, desde entonces le gusta inventar cuentos y plasmarlos en libretas que sus padres le regalan. A Arturo le apasiona dibujar casi tanto como escribir; prácticamente todas sus libretas escolares tienen por lo menos un dibujo. Los gustos y aficiones de Arturo son varios, entre ellos destacan la música (rock, indie y country), los cómics de superhéroes (sobre todo Batman), leer libros de fantasía y terror (Juego de Tronos, H.P. Lovecraft), investigar sobre la vida y obra de distintos pintores (Pablo Picasso, Vincent Van Gogh) y jugar básquetbol.

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