Murallas

Nacieron para proteger a los pueblos de las invasiones, sin embargo, en un mundo conectado, en el que millones de mercancías cruzan innumerables fronteras todos los días, parece que cualquier barrera entre países es algo del pasado. La historia nos ha enseñado que las sociedades, en su movimiento en el tiempo, tienen avances y retrocesos; acciones y reacciones; incluso coyunturas inesperadas. Después de la Revolución Francesa vino El Terror. La producción en serie llevó a expandir la fabricación de productos, pero dejó en la calle a los obreros. La era tecnológica está llevando, casi irremediablemente, a la extinción de buena parte de la naturaleza.

Hago este recuento para tratar de elaborar algunas ideas sobre la llegada a la presidencia de Donald Trump. Para estas fechas no ha habido analista que se haya sustraído al debate, que haya esbozado algunas explicaciones o señalado culpables. Cuando se pensaba que el libre comercio y el neoliberalismo habían sentado sus reales para dominar el mundo muchos años más, el 8 de noviembre nos enteramos que Estados Unidos, el país que había sido el principal promotor de la economía abierta, la disminución de aranceles y el libre mercado, había dado un vuelco que, hasta el momento, no ha mostrado de manera clara sus intenciones.

Uno de los primeros factores a considerar es la llegada a Donald Trump, un negociante excéntrico, heredero de una fortuna que lo catapultó a los medios de comunicación, lugar en donde se puede fabricar una candidatura y, por supuesto, la presidencia de casi cualquier país. Algunos comentaristas consideran a Trump como una falla en el sistema, un sujeto que fue comprando voluntades y les comió el mandado a los políticos tradicionales. De esta manera se ha construido la imagen de un tipo ególatra, cuyas apariciones frente a las cámaras dan más para la caricatura que para el análisis serio. Ellos creen que el magnate se autodestruirá y que el mundo podrá volver a la normalidad. Sin embargo, una consideración que muchos están olvidando, es la base de electores que votó por él. Es cierto que, si tomamos en cuenta el abstencionismo y el hecho de que Hillary Clinton tuvo lo que se ha denominado “el voto popular”, la victoria de Trump no parece tan aplastante. Esto queda claro, también, con los bajos niveles de popularidad que ha tenido desde el primer día de su presidencia. Mucho se ha hablado de la gente que apoya al nuevo presidente. En esta base de apoyo creo distinguir dos grupos: aquellos que, efectivamente, han sido víctimas del desempleo y que buscan, infructuosamente, un chivo expiatorio; los otros, quizás los más peligrosos, que a pesar de mantener sin muchos cambios su estilo de vida, han encontrado en Trump la voz que representa sus miedos, sus frustraciones y la ídilica y tramposa fantasía de hacer una América más fuerte.

Hay dos autores que, de alguna manera, narraron hace algunos años el fermento que catapultó la candidatura de Donald Trump. El primero, Robert Kaplan, publicó en 1998 un libro poco mencionado hoy, Viaje al futuro del imperio. En esta interesante crónica de viaje por varias ciudades de Estados Unidos, el escritor percibe el nacimiento de ciudades amuralladas: suburbios totalmente aislados del resto de la población. No hay plaza pública y el único sitio de interacción social son los centros comerciales populosos que, a la postre, resuelven cualquier necesidad del consumidor: desde clínicas de salud, centros de diversiones, gimnasios, hasta supermercados. Todo está a la mano. Esos sitios crean un mundo artificial en el que el otro, el que está afuera, es visto como un extraño, casi un enemigo. Bombardeados todos los días con esterotipos que se nutren, muchas veces, de la ignorancia propia de una persona que apenas puede ubicar a su país en el mapa, tenemos clientes ideales para embaucarlos en una cruzada cuyos argumentos no son importantes, pues apelan directamente a la sinrazón, al sentimiento exaltado y al patrioterismo que busca quién pague los platos rotos. Si a esto le sumamos que, efectivamente, hay sectores de la población que han disminuido sus ingresos, tenemos el escenario perfecto para mirar al otro, al supuesto extranjero, como el enemigo que se ha aprovechado de él, aunque la explicación de su declive diste mucho de las fantasías xenofóbicas que, por desgracia, han comprado muchos.

El otro autor importante para analizar es Morris Berman. En dos libros: El crepúsculo de la cultura americana, publicado en 2000, y Cuestión de valores, publicado en 2010, pasa revista a los síntomas de una decadencia cultural que se agudiza no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo entero. El abandono de las humanidades en las escuelas y universidades es sólo la punta del iceberg de un sistema que considera como algo accesorio el pensamiento y la crítica. Multitudes vitorean a los grandes deportistas y aquellos que reflexionan o disienten son relegados a espacios cada vez más reducidos. La lectura, quizás, es la primera víctima de esta andanada a pesar de los esfuerzos de académicos y grupos que resisten desde sus trincheras. Morris Berman anuncia, en ambos libros, una cultura puesta a merced del mercado y de la ganancia. De esta forma es muy natural que a Donald Trump, empresario carente de escrúpulos, le parezcan extraños conceptos como la división de poderes o los contrapesos en la política. Tal vez Morris Berman y Robert Kaplan sólo les faltó profetizar que un día Estados Unidos sería gobernado como si fuera una empresa. Al menos algunos han acuñado una frase que podría definir esta nueva etapa: “CEOcratización de la política”.

He leído, con incierta esperanza, algunas columnas de escritores mexicanos que tratan de mostrar la diversidad de Estados Unidos y que el racismo, xenofobia y misogimia del discurso de Donald Trump es un fenómeno que va de salida. Por supuesto, en muchas ciudades esa diversidad es un presente que se antoja irreversible, y esto se ha notado en la gran cantidad de protestas ante las primeras acciones del nuevo inquilino en la Casa Blanca. Sin embargo –y esto lo podemos ver lastimosamente en países europeos como Francia– si la polarización económica sigue su marcha, veremos cada vez más el auge de líderes que no tendrán empacho en exaltar prejuicios para explicar las carencias económicas de grupos cada vez más grandes. Algunos de estos líderes populistas, como Trump, forman parte de esta élite que se ha comido a mordidas el mundo dejando apenas migajas para la mayoría empobrecida que, paradójicamente, creerá cada vez más sus discursos en un escenario en el que la verdad y los hechos no son tan importantes. Todo mundo parece preocupado por Trump y sus epígonos por venir, pero poco se habla de las razones y circunstancias que los están llevando al poder. Las murallas están creciendo y se expanden en sociedades que pensaban que estos problemas eran cosa del pasado. En el desarrollo desigual de nuestras sociedades y la ignorancia fomentada desde las aulas hasta los medios de comunicación, tenemos dos buenas claves para empezar.

 

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Acerca del autor

Alejandro Badillo

México, DF, 1977. Es narrador y reseñista. Ha publicado los libros de cuentos Ella sigue dormida (Tierra adentro), La herrumbre y las huellas (Eeyc), Vidas volátiles (BUAP), Tolvaneras (Cuadrivio) y la novela La mujer de los macacos (Libros Magenta). Compiló para el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla Ficciones en fuga. Narrativa breve desde Puebla. Coordinador de talleres literarios. Ha participado en varias antologías y en publicaciones nacionales como Playboy y el suplemento “Confabulario” de El Universal. Colaborador de la revista Crítica y exbecario del Fonca en la disciplina de cuento. Ganó en 2015 el Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela 2015 por su libro El clan de los estetas.

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