El poder sobre las personas

¿Qué tipo de placer nos causa el tener poder sobre alguien? La pregunta es interesante, ¿a cuántos nos emocionaba tener el privilegio de castigar a quien se parara de su lugar mientras no estaba la profesora en la primaria? O más sencillo, ¿Cuánto nos gusta ascender a un nuevo puesto u obtener un reconocimiento en el que además podemos tener a nuestro cargo a más personas? No es complicado imaginar el mundo de posibilidades que se nos vienen a la mente con la sola palabra “poder”. ¿Y si lo enfocamos a la vida y la muerte? ¿Si ponemos un escenario más dramático, menos cotidiano, incluso un poco aterrador?

Tomemos un contexto un poco diferente. Tienes frente a ti unos ojos que te miran fijamente, suplicantes, sus labios aspiran a pronunciar palabras, pero es imposible y su piel se ha tornado de un tono grisáceo. De un momento a otro te percatas de que tu mano izquierda está sujetando su cabello, mientras la derecha empuña un arma punzocortante dispuesta a dibujar un hilo rojo en su garganta. Sientes la adrenalina recorrer cada célula de tu cuerpo, acompañada de un éxtasis que nunca en tu vida habías sentido ¿Qué es ese sentimiento? Tienes el poder para decidir si esta persona, sea quien sea, sigue con su vida o tú con tus manos la terminas. ¿Qué harás? Cualquier persona, sin pensar mucho, diría “Me alejo, no sería capaz”, pero ¿cómo estás seguro? La naturaleza del ser humano lo hace dominante, y la misma naturaleza nos hace disfrutar de ese dominio en cualquier contexto, tal y como lo hacemos al tomar el control de lo que nos rodea, la necesidad y emoción de tener todo a nuestra autoridad.

Podemos deducir entonces que sentirse “dios” o “juez” en esta atmósfera es un sentimiento real; podemos, sin ningún impedimento, decidir qué pasará con quien tenemos en nuestras manos: le robamos a un ser superior el cargo de decidir cuándo esa persona parte hacia el tan esperado “paraíso”, para luego convertirnos en él.

Número de visitas

87

Acerca del autor

Meztly Méndez

Alumna del Bachillerato Santiago UPAEP.

0 comentarios