Spaceball Ricochets

Septiembre 16, 1977. Sheffield, Inglaterra.

I

Es medianoche y ya acepté la idea de que no vamos a tocar. La fiesta avanza veloz a mi alrededor; la cerveza se calienta en mi mano mientras observo a Nin charlando con Cassady al otro lado de la habitación, junto a los instrumentos que seguramente no usaremos esta noche. ‘Always Crashing in the Same Car’ del camaleón David Bowie suena de fondo; me gusta lo que escucho, pero Nin y Cassady no parecen disfrutarlo y todos salimos al jardín a fumar un cigarrillo. Parece que Buck está dormitando dentro de su pickup y lo observamos en silencio hasta que el frenesí le llega de la nada y patea la puerta, le da un enorme trago a la botella de whisky que tiene en la mano y escala al techo de la Chevrolet con dificultad.

—¡Oh Walt, hermoso espíritu budista, dulce amante de las cuatro cuerdas, yo te invoco!

Sus brazos se agitan por doquier, parece estar representando alguna danza antigua sobre la camioneta, quizá sea un ritual que involucra el sacrificio de ese whisky bendito que está regándose sobre el pavimento y pienso que, si estuviera un poco más ebrio, me uniría a esa mística danza y ambos lograríamos que Walt se materializara frente a nosotros en todo su rubio esplendor.

— ¿No deberías hacer algo para detener a tu novio demente? —, pregunta Cassady, pero Nin está ocupada fumando y atando las agujetas de su bota derecha.

— Ya sabrá cuándo parar —, le contesta a su hermano, luego me sonríe con el cigarrillo entre los labios. Demonios, me gusta esta chica, pero debo dejar de pensar en ello. Buck sigue saltando frenéticamente sobre la Chevrolet y el misticismo a su alrededor se disipa cuando lanza la botella vacía al suelo, se quita la camiseta y comienza a besar la imagen de Marc Bolan estampada en ella.

—¡Bolan, hombre del Siglo XX, destellante deidad del boogie! Otórgame el poder de las seis cuerdas a través de esta unión entre mis labios y tu imagen…

El trance se le acaba como por arte de magia tras unos minutos y baja de la camioneta de un salto. Maldito loco, parece que su ritual ha surtido efecto porque Walt se acerca rápidamente a nosotros y Buck lo recibe con los brazos abiertos.

—¡Walt, prístino bastardo! Los Spaceball Ricochets no pueden presentarse sin su glorioso bajista, ¿dónde has estado?

Pero Walt no es el mismo pacifista rubio de todos los días, su paso es intimidante y su rostro luce enrojecido, creo que está furioso. Quita a Buck del camino con un empujón que lo estampa en la camioneta y sigue avanzando hasta detenerse frente a Cassady, a quien deja en el suelo tras plantarle un derechazo monumental en la quijada.

—¡Maldita sea, Walt! ¿Qué te pasa? —, le grita Nin.

—¡Pregúntale a tu hermano!

Cassady no ha dicho nada, pero parece estar tan desconcertado como el resto de nosotros. Walt se muestra desesperado y con la firme intención de destrozar a su mejor amigo. Lo rodeo con mis brazos para detenerlo y Buck se pone de pie entre ambos, tratando de romper la tensión.

—¿De qué carajos estás hablando? —, pregunta Cassady al fin.

—¡De ti, arruinándole la vida a mi hermana!

—¿A qué te refieres?

—¡Está embarazada, imbécil! —, dijo Walt, y sentí la mezcla de furia y dolor en el temblor de su voz.

El silencio. Puedo descifrar que ésta es la primera vez que Cassady escucha tal cosa por la expresión en su rostro. Todos estamos de pie y el tiempo sobre nosotros se arrastra más lento, las palabras tienen eco. De fondo, ‘Be My Wife’ de Bowie se diluye en los desquiciados gritos de Walt: Voy a matarte, le dice a Cassady, y bien podría hacerlo. El tiempo se acelera de nuevo y, sin saber exactamente cómo pasó, veo a Buck alejándose en la Chevrolet y llevándose a Walt lejos de ahí. La fiesta sigue ardiendo en el garaje pero Cassady, Nin y yo estamos helados.

Nin se dispone a decirles a los otros que la fiesta se terminó y se dirige lentamente hacia el garaje; voltea atrás a medio camino y me barre con la mirada, qué descaro. Demonios, quiero a esta chica, pero debo dejar de pensar en ello. Cassady comienza a escupir palabras muy rápido pero en realidad no dice mucho, parece confundido y habla acerca del concierto de Marc Bolan en Manchester. Recuerdo que todos terminamos muy ebrios esa noche, ¡fue magnífico! Buck subió al escenario y logró tocar el hombro de nuestro ídolo en el instante previo a ser noqueado por seguridad; recuerdo los sollozos de Nin al escuchar ‘Cosmic Dancer’ y a mí, insistiendo en que ‘Dandy In The Underworld’ es una canción acerca de mi vida. Cassady y Patti desaparecieron largo tiempo esa noche, debieron aprovechar la ausencia de Walt quien, ahora, tiene buenas razones para estar furioso.

—Y, ¿qué harás ahora? — le pregunto a Cass. En realidad, no sé si quiero saberlo.

—Es claro, me casaré con ella. Es algo que iba a pasar tarde o temprano, ¿sabes? Ella es joven y yo no soy muy brillante, pero nos sentimos libres cuando estamos juntos. Estar con ella se siente como…como vivir en una canción de T.Rex. Es como vivir en ‘The Slider’. Sí, me casaré con ella.

No se despide, sólo se aleja corriendo con dirección a casa de Patti y es así como me doy cuenta de que Cassady no está tan perdido como siempre he creído que lo está. Él avanza en la dirección opuesta a las personas que se alejan del garaje, decepcionadas; me gusta creer que es porque no pudieron disfrutar de la presentación estelar de los Spaceball Ricochets aunque probablemente sea porque Nin no los dejó llevarse el licor que quedaba. Entro al garaje y me siento junto a Nin en el sofá, ella bebe directo de una botella de vodka que encontró por ahí y luego me la da, quizá sepa que necesito el valor que sólo el alcohol barato puede darme.

—Dijo que se casará con ella, ¿no es cierto?

—Es cierto.

—Es un idiota, mi hermano. Un buen hombre también.

—El mejor de todos nosotros.

—Ojalá Buck también fuera un buen hombre. Hablando de él, ¿sabes a dónde se fue?

—Supongo que llevó a Walt a algún lugar donde pudiera despejar su mente. Tú sabes, una montaña, unas cascadas, un campo de tiro.

—Podría ser un prostíbulo.

—O un expendio de cocaína.

—O un expendio de cocaína que también es un prostíbulo.

Yo río, ambos reímos. Le doy otro trago al vodka y la miro, nos miramos. Demonios, amo a esta chica y no puedo dejar de pensar en ello. La beso y ella me besa, lentamente. Ella comienza a levantar mi camiseta y pienso que, si el estampado de Marc Bolan pudiese hablar, diría que no me preocupe por la banda ni por su novio o por mi mejor amigo (que resultan ser el mismo tipo), él diría que lo único que importa en la carretera de la vida es el amor y esta chica…Marc, debes saberlo, esta chica es mi Jaguar, mi cisne blanco, mi bailarina cósmica.

La camiseta deja de hablar, y nosotros también.

II

Nos dan las 3:30 de la mañana escuchando la versión eléctrica de ‘Bang a Gong (Get It On)’, ella se pone las medias y yo abrocho mi cinturón mientras discutimos si es o no la canción más sexy de T.Rex; ella está convencida de que lo es pero yo sigo creyendo que la forma en la que Marc canta el coro de ‘Jeepster’  es suficiente para hacerme dudar de mi sexualidad. La canción continúa, “…you’ve got the blues in your shoes and your stockings / you’re windy and wild, oh yeah…” y movemos el cuerpo al ritmo del riff de guitarra, nos besamos y me pierdo en la suavidad de sus labios hasta el momento en el que algo nos interrumpe, un firme golpe en la ventana. Desde afuera, Buck nos ha mirado por no sé cuánto tiempo. Mi mejor amigo me vio besar a su novia y no sé si el flujo de sangre que me bombea directo a la cabeza es señal de orgullo o de vergüenza. Las dos, tal vez.

Buck entra a la casa una sonrisa cínica calándole el rostro, y es en este preciso instante en el que me pregunto por qué alguien como ese sujeto es mi amigo.

—Vaya vaya, Miller. ¿Pasando un buen rato con mi chica?

—Esto no te incumbe, Buck – responde Nin, seguramente sospechando que no saldré ileso de aquí.

—¿Bromeas? ¡Yo soy la estrella del espectáculo! Así que hazte a un lado, cariño, Miller y yo tenemos que hablar.

Buck se acerca a mí y yo, instintivamente, doy un paso atrás. Esto no me dejará bien parado frente a la chica de mis sueños, eso está claro.

—Y bien, amigo, ¿tienes algo qué decir antes de lo inevitable? ¿Alguna justificación patética o lloriqueo desesperado, tal vez?

Estoy a punto de contestar a esa pregunta con una línea punzante e inteligente que callará a Buck y convencerá a Nin de que soy su mejor opción cuando un golpe en el estómago me saca el aire y me deja doblado en el suelo como el patético infeliz que siempre he sido. Si Marc Bolan pudiera verme ahora, jadeando y esforzándome por no vomitar, seguramente orinaría sobre mí. Nin y Walt, quien parece estar más calmado ahora, tratan de detener a Buck pero yo me resigno a los hechos: estoy a punto de recibir una golpiza épica a manos de mi mejor amigo y, ¿saben qué? La merezco, me la he ganado, y voy a disfrutarla. Me pongo de pie y le pido a Nin y a Walt que lo suelten, insisto en que yo me haré cargo de la situación. Claro, él es el bravucón más indomable de todo Sheffield y sabe que me destrozará la cara pero a mí no me importa y, tal como los vaqueros se miran el uno al otro en los westerns, miro a Buck directo a los ojos hasta que la imagen de Cassady corriendo desde la calle hacia el garaje rompe con el momento de tensión entre nosotros.

— No te distraigas, imbécil—, dice Buck, pero él también voltea y mira a Cassady acercándose. Walt lo ve y toma una posición amenazante, se ha robado mi mirada amenazante y parece listo para terminar lo que empezó hace algunas horas. El tiempo se ralentiza de nuevo pero Cassady pisa el acelerador cuando empuja a Walt fuera de su camino y, con un gancho zurdo digno de un campeonato mundial, manda a Buck contra las cuerdas de su guitarra. Esto es a lo que yo llamo un giro de tuerca. Espera, esto no es entretenido, ¿qué está pasando? Cassady sigue golpeando a Buck hasta que Nin lo toma de los brazos y lo jala hacia atrás.

—¡Suéltame!

—¿Cuál es tu maldito problema, Cassady? —, pregunta Buck, mientras la sangre escurre de su nariz y mancha el rostro de Marc Bolan en su camiseta.

—¿Mi problema? ¡Que quizá tú embarazaste a mi novia!

—¡¿Qué?!, gritamos todos.

—Ella misma me dijo que se acostó con este idiota en Manchester. Vamos, bravucón, ¡acéptalo!

—Escucha, Cass, todo es muy borroso ahora…me quedé charlando con ella en la camioneta después de que te quedaste dormido, ¿recuerdas? Cuando fueron a sacarme del lío con esos guardias y, no sé, todo pasó muy rápido, yo no…digo, ¿cómo saber de quién está embarazada?

—Exacto, ¿cómo voy a casarme con ella sin saber si el bebé que espera es mío o no? ¡Todo se fue al carajo!

Buck apenas y se puede poner de pie pero Walt se acerca y le clava un gancho al hígado que termina lanzándolo contra la batería de Nin. Tomo a Walt del brazo izquierdo y Nin sigue conteniendo a Cassady cuando Buck se levanta de nuevo y, con un caudal de sangre brotando de su nariz y las mejillas inflamadas, huye de ahí. Walt se deshace de mi pobre opresión con sólo clavar su codo en mis costillas y sale corriendo detrás de Buck; amenaza con matarlo.

—Voy a detenerlos —, dice Nin, y corre detrás de ambos. Le pido que espere pero ella ni siquiera me mira.

Cassady y yo nos quedamos en el garaje bebiendo residuos de cerveza mientras escuchamos ‘Life Is Strange’ y pienso que, en efecto, la vida se ha tornado extraña esta noche. Él me recalca que ama a Patti pero que ya no sabe qué hacer y yo le confieso que estoy enamorado de su hermana, que siempre lo he estado.

— Vamos, Miller, dime algo que todo Sheffield no sepa ya.

Vaya, creí que era mejor escondiendo estas cosas. El amor nos tiene confundidos a ambos y decidimos poner manos a la obra para resolver estos problemas de las únicas formas que conocemos así que él emprende su camino de vuelta a casa de Patti y yo me dirijo al pub más cercano.

III

Dan las 6 de la mañana y el viejo cantinero Greg tiene esa cara que siempre pone cuando está harto de que repita la misma canción de la rockola una y otra vez – no es mi culpa que la única pieza decente que tenga disponible en esa caja sea ‘I Love to Boogie’. Bebo el último sorbo de cerveza en mi tarro, pago la cuenta y me dirijo de vuelta a casa; calculo que tengo suficiente tiempo para tomar una ducha y un café antes de ir a la fábrica. Me pregunto qué pasará con los Spaceball Ricochets ahora, ¿acaso éste es el final? Es decir, dudo que podamos ignorar todo lo que ocurrió esta noche y, por más que quiero pensar que actuaremos como individuos racionales, capaces de analizar las cosas con calma y de perdonarse unos a otros, sé que somos unos idiotas. Cassady terminará casándose con Patti pero eso no hará que él y Walt dejen de odiar a Buck, y Buck nos odiará a Nin y a mí por herirle el orgullo. ¿Nin estará enamorada de mí? Me gustaría saberlo. Tal vez tenga el valor de llamarla esta noche y preguntárselo, de confesarle que la tristeza del verano no existe a su alrededor. ¿A quién engaño? Dudo que pueda hacerlo alguna vez. Maldición, creo que olvidé mis llaves, pero dejo de preocuparme por ello cuando veo a Cassady pasar corriendo frente a mi casa. Si aprieto el paso, puedo alcanzarlo.

—¡Hey, Cass! ¿Todo bien? — Se detiene por un instante. Su rostro está pálido y sus ojos están vidriosos, algo anda muy mal. Yo también me detengo y nos miramos a la distancia.

—Marc Bolan está muerto.

Y tras decirlo, sigue corriendo. Esas cuatro palabras me resuenan en la cabeza como los golpes del mazo contra el metal: Marc Bolan está muerto. El dandy del inframundo, el reluciente rey tiranosaurio; este pueblo de rostros grises y humo industrial consume mi alma y él, con su música, preserva lo que me queda. Bolan, el que escribió una canción acerca de mi vida y de las vidas de todas las personas a las que amo, ahora está muerto. Sigo escuchando el sonido del mazo golpeando el metal, quizá sea el ruido de mi interior cayéndose a pedazos. Corro detrás de Cassady con una furia que no sabía que podía sentir, las piernas me queman y eso sólo me hace correr más rápido. Estamos de vuelta en el garaje; Nin y Walt están sentados en el sofá, escuchando la radio.

[La estrella pop Marc Bolan ha muerto en un accidente automovilístico en el suroeste de Londres. El ex vocalista de la banda T.Rex, de 29 años de edad, murió al instante cuando el auto que era conducido por su novia, Gloria Jones, se salió del camino y golpeó un árbol en Barnes. Bolan estaba reconstruyendo su vida tras el derrumbe de su primer matrimonio y su adicción a la cocaína; el nacimiento de su primer hijo hace apenas 20 meses lo había colocado en el camino del regreso con una familia, un nuevo programa de televisión y una gira…]

Nin apaga la radio. Ya escuchamos suficiente, ha sido suficiente. Walt se lleva las manos al rostro y Cassady se sienta junto a él para abrazarlo, yo me siento en el suelo junto a la puerta y miro a Nin, no sé si compartimos algo más allá del vacío que sentimos ahora. El tiempo, que siempre parece avanzar a ritmos distintos, está desapareciendo. Ella se pone de pie y hurga entre sus vinilos, saca uno que no tiene caja y lo pone en la tornamesa. ‘Spaceball Ricochet’ comienza a sonar y creo estar seguro de que todos nos transportamos a aquel día en Manchester cuando Marc, enfundado en su chaqueta verde y sus pantalones rojos, se sentó en el escenario acompañado solamente de su guitarra acústica y cantó esta misma canción: “…with my Les Paul, I know I’m small but I enjoy living anyway…”

Buck aparece en la entrada de repente, ni siquiera lo escuché llegar. Su rostro aún está hinchado por los golpes y su torso está desnudo, sostiene su camiseta de Marc Bolan entre los brazos.

— ¿Es verdad que está muerto? —, pregunta, y la voz se le quiebra al hacerlo. Todos lo miramos, se necesita fuerza para contestarle y parece que nadie la tiene. Pregunta de nuevo, llorando. Cassady lo mira fijamente y, tras un momento, se levanta del sillón. Temo que el horror de este día aún no haya terminado.

— Aplástame si quieres, Cass, pero dime si es verdad. Cassady se pone de pie frente a mi mejor amigo quien, a su vez, se aferra a una camiseta llena de sangre.

—Lo es, amigo. Lo siento.

Veo a Cassady abrazar a Buck y pienso en nosotros, en todo lo que ocurrió poco antes de que Marc Bolan saliera disparado del parabrisas de su auto y muriera al instante. Cualquiera de nosotros pudo ocupar su lugar y morir hoy; él pudo ocupar el lugar de cualquiera de nosotros y seguiría vivo para abrazar a su hijo. Si Marc no hubiese muerto, no estaríamos juntos en este momento y quizá no hubiésemos vuelto a estarlo en mucho tiempo. Pienso que, si una viga me atravesara o un río de metal fundido me calcinara hoy, me iría lleno de arrepentimientos.

Cassady me ayuda a ponerme de pie y, junto con Buck, caminamos hacia donde están Walt y Nin; tomamos asiento alrededor de la tornamesa y, en silencio, escuchamos el final de la canción: “…I said ‘How can I lay when all I do is play the spaceball ricochet?’…”

Llamaré a Nin esta noche, lo haré.

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Acerca del autor

Laura C. Rosales

Estudiante de Cinematografía en la Escuela de Artes Plásticas y Audiovisuales BUAP, dedicándose principalmente al guionismo y la narrativa. Aspirante a escritora. Le gustan las manzanas y detesta las ballenas.

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